La multitud autoconvocada en todo el país pidió justicia y dijo “Ni una menos”

ni_una_menosCon fotografías en carteles de víctimas de violencia de género, miles de personas marcharon  con el lema “Ni una menos: vivas nos queremos”.

La convocatoria fue, también, masiva en diferentes provincias y ciudades argentinas. Hubo negocios abiertos, personal que se asomó de los hoteles de la Avenida de Mayo para saludar a las decenas de miles de personas que tapizaron el recorrido, y muchos participantes que espontáneamente fueron estableciendo el corte de tránsito por donde pasaba la marcha, ya que no fue visible un operativo policial.

Entre los participantes no faltaron las diputadas y diputados del Parlasur, las columnas de partidos políticos como el Frente de Izquierda de los Trabajadores, la “Campaña nacional por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito”, organizaciones de derechos humanos y legisladores del Frente para la Victoria y el PRO.

También organizaciones de mujeres como las Vecinas de Once y las Insurrectas, además de gremios como el Sipreba de Prensa de Buenos Aires; de docentes Ademys y AGD; de ferroviarias y estatales de Capital, y diversos municipios que generaron áreas específicas.

Con el concepto de que ninguna mujer está sola, el colectivo “El arte como herramienta de lucha” pidió con dos actrices vestidas de negro abrazos a los transeúntes, lo que puso una nota emotiva a la algarabía y el colorido de la marcha: “no nos tiene que vencer el silencio”, apelaron con un cartel.

Samantha marchaba cargando en hombros a Mía, de tres años, quien portaba su bandera de ‘ni una menos’: “Creo que es una causa de todas las mujeres. Tengo una hija mujer y casos cercanos de violencia de género, y no puedo creer la impunidad judicial con la que se beneficia a todos los violentos”, dijo la mujer a Télam.

Un conmovedor grupo con “ropas de las que ya no están” reunió a mujeres sordas y discapacitadas auditivas, quienes atraviesan procesos de rehabilitación por diversas situaciones de violencia.

Frente al popular cine Gaumont, gente solidaria autoconvocada reunía una colecta para Brisa -nena que motivó un proyecto de ley de compensación económica para chicos huérfanos víctimas de femicidio-, con pedido de ayuda alimentaria para la familia que quedó a cargo del abuelo viudo.

Era llamativa la cantidad de organizaciones barriales agrupadas para ayudar a mujeres víctimas de violencia -Lugano, Villa 31 y 1-11-14-; entre ella, la Unión de Mujeres en Acción, de Merlo, que empezó asistiendo casos individuales y sumó abogadas y psicólogas.

Rita Sosa, de la agrupación “Nosotras sí podemos”, contó a Télam que empezaron ayudando a mujeres desalojadas y hoy tienen un emprendimiento textil.

“La violencia no solamente es pegar, sino dejar sin casa a una mujer que no tiene trabajo”, sentenció Rita, y rechazó que volvieran a sus casas porque les “guste que el marido les pegue, sino porque no tienen dónde ir”.

Agrupaciones estudiantiles secundarias y universitarias aportaron columnas muy numerosas, como la del Cerámicas, Arte Dramático o el Carlos Pellegrini, colegio preuniversitario que mostró más presencia de varones.

Pablo Vasco, del Movimiento Socialista de los Trabajadores, dijo que acompañaba el reclamo de las mujeres “porque creo que los gobernantes deben poner todos los recursos que hagan falta para detener la violencia de género”.

A través de la Comisión sobre Temáticas de Género, la Defensoría General de la Nación adhirió informando que brinda patrocinio jurídico gratuito, a fin de efectivizar el derecho a una vida libre de violencias, con atención en Paraná 426.

A la llegada de la enorme movilización a Plaza de Mayo, un vallado por detrás de la Pirámide, tras el que formaba la Infantería en actitud de guardia, le puso límite al avance.

En una letanía de demasiados nombres, las manifestantes dieron el presente a cada una de las ausentes por femicidio, mientras el cartel testimoniaba: “Ni una menos: vivas nos queremos. El Estado responsable” de la justicia por ellas y por todas.