¿Cuánta deuda es mucha deuda?

por Claudio Maulhardt para Elentrerios.com

En una reciente entrevista, Hugo Ballay, ministro de Economí­a del gobierno de Gustavo Bordet, reconoció que la deuda provincial asciende a 13 mil millones de pesos, de los cuales la mayor parte vence dentro de los próximos dos años. Con estas declaraciones, develó la frágil condición en que el nuevo gobierno ha recibido las finanzas provinciales.

Ahora bien, cabe preguntarse cuán grave es para la provincia de Entre Rí­os deber 13 mil millones de pesos. Una cifra que, por muy difí­cil que sea de imaginar para un ciudadano de a pie, no resulta tan descomunal a la luz de los números macro de la provincia. Si bien las cifras de PBI para 2.015 no están aún disponibles, en base a las cifras de 2.014 cabrí­a suponer que el PBI provincial para 2.015 deberí­a rondar los 150 mil millones de pesos. Sobre esta base, la razón de deuda pública a PBI de la provincia es muy baja: apenas 8,7%, similar a la de la provincia de Buenos Aires y apenas superior a las de Córdoba y Santa Fe.
Tampoco parece demasiado agresiva la cifra, en términos relativos, cuando se la analiza en función de los recursos totales de la provincia. Un estudio de la organización Cippec da cuenta que la razón de deuda pública a recursos totales era, en la provincia de Entre Rí­os, de alrededor de 25% en 2.014, bastante inferior al que registraban Córdoba (32%) y Buenos Aires (casi 50%), aunque muy por encima del 4% que mostraba Santa Fe.

Tampoco luce excesivo el salto de la deuda pública desde los 3.208 millones de pesos de 2.007 a los 13 mil millones que denunció Ballay: este salto no es muy diferente del que podrí­an haber producido las altas tasas de interés o la inflación. Así­ lo corrobora el hecho que en términos de PBI provincial, el stock de deuda pública actual es ligeramente inferior a la de fines de 2.007.

En otras palabras, el monto de la deuda pública provincial, por mucho que asuste, no representa un problema grave. De hecho, Ballay se valió del efecto de la devaluación sobre la porción de la deuda denominada en dólares para dotar de mayor espectacularidad a su anuncio. Esto queda claro a partir de las cifras oficiales: a septiembre, la deuda pública era de 9.500 millones; el salto hasta los 13 mil millones sólo puede ser explicado por el efecto contable de la devaluación.

Los indicadores dicen que el problema de la provincia no es de solvencia. Pero sin dudas hay un problema de liquidez: el fisco siempre luce apretado. Sin ir más lejos, Bordet logró pagar sueldos y aguinaldos sólo gracias a un anticipo de 450 millones del Banco Nación. Es acá donde cabe contarle las pulgas a Urribarri.

Es que durante su gestión, el gasto primario por habitante creció a un ritmo que duplicó al del crecimiento de la deuda. Gastos en personal, gastos en servicios y transferencias a los municipios (una réplica provincial de la polí­tica «federalista» nacional de Cristina Kirchner) explican por qué subió la deuda, pese a los sucesivos impuestazos que llevaron la carga tributaria provincial a los mayores niveles del paí­s (cerca del 22% de PBI provincial).

El problema no está en que la deuda haya subido en valores nominales tanto como subió. Al fin de cuentas, la inflación hace muy difí­cil comparar valores nominales de año a año. Tener un nivel de deuda pública de 8,7% del PBI significa que no tenemos demasiada deuda. La pregunta deberí­a ser si tenemos buena deuda o mala deuda. La deuda no es mala en sí­ misma, sino que lo malo son los motivos por los cuales creció. Distinto hubiera sido el caso si los fondos que proveí­a la deuda hubieran sido invertidos en obras de infraestructura que generaran ingresos para pagar el capital y los intereses, o que previnieran desastres naturales a los que, cuando ocurren, el Estado debe asignar recursos.

Cabe pensar si la sucesión de impuestazos no hubiera debido ser aprovechada para cancelar deuda, en lugar de que permitir que ésta se convirtiera en un vicio para sostener ese otro vicio de gastar para mantenerse «popular». El problema de la deuda pública en Entre Rí­os no es un problema grave, pero el mero hecho que se haya vuelto un tema de conversación deberí­a obrar como advertencia para el gobierno.

Como dijo alguna vez Cristina Kirchner: «no nos hagamos los rulos» con este tema de la deuda: ni es tanta, ni es tan cara. Pero ocupémonos desde hoy para que cada vez que se toma deuda, los fondos se usen para buenos fines.